Un tanto por ciento muy elevado del producto zombi es carne podrida. Está en su naturaleza.
El cine zombi en su faceta cultureta y gafapasta es un cine ideado para hacernos ver nuestra condición humana, para sensibilizarnos sobre el hecho de que somos una especie capaz de generar violencia hasta el extremo.
Pero la realidad generalizada es que el subgénero de muertos vivientes está ahí para dar arcadas. Para revolvernos el estómago. Para exagerar a lo bestia situaciones dónde las tripas y la sangre, los desmembramientos, decapitaciones, disparos en el cerebro, evisceraciones y mutilaciones tienen el protagonismo absoluto. ¡Una verdadera porquería!.
Pero que le vamos a hacer, somos así, nos gusta ver esto... de vez en cuando.
"Nueva York bajo el terror de los zombies". 1979 Lucio Fulci
Zombi 2. En realidad no está tan mal hecha. ¡Está peor!. Lo que pasa es que es simpáticamente bodriosa, no tenían ni un duro y se nota, así es que tiraban de imaginación y trucos. Muestra a un tiburón que se come a un zombi que estaba bajo el agua (toda una innovación) y en el trailer original avisaban de que tenían a tu disposición bolsas para vomitar. La verdad es que en 1979 era una peli para acojonarse, pero hoy es para reir. Los efectos gore y sanguinolentos revuelven el estómago, lo cual era la marca de la casa de Lucio Fulci, que pasará a la historia como uno de los directores con más capacidad para provocar el vómito. Luego haría Zombi 3 (aún peor) y otras cosas dónde solían aparecer muertos vivientes con ganas de comer tripas.

